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¿Puede lograr una capacitación la transformación que logra un entrenamiento para un maratón?

La experiencia más significativa de formación la tuve en donde menos lo imaginé: en el deporte. Y nunca lo hubiera pensado porque el deporte y yo nunca hemos sido buenos amigos. Soy muy mala en todos los deportes. Desde pequeña era siempre la que llegaba última o la que nadie quería para su equipo. Sacaba buenas notas en todas las clases, excepto en educación física.


Convencida de que no sería capaz de realizar ningún deporte con éxito, una vez que ya no fue obligatorio, no volvió a formar parte de mi vida. Hasta que un día, porque siempre llega el día, pasados los 35 años, sentí que mi cuerpo ya no se comportaba igual. Y que si no añadía algún tipo de actividad física a mi vida, no iba a poder bajar las libras de más y perdería cada vez más mi agilidad y flexibilidad. Así que decidí hacer las paces e incorporar algún deporte a mi vida. Por ser el que no requería de ninguna herramienta o habilidad particularmente desconocida para mí, elegí correr. Comencé corriendo una milla y así llegué hasta 3 millas. Me inscribí en un 10k, porque es lo que la gente que corre hace, y logré, al menos, terminarlo.


La transformación llegó cuando recibí un brochure que me invitaba a correr un medio maratón o maratón completo para recaudar fondos para la Sociedad Americana contra la Leucemia. El programa se llamaba Team in Training y te llevaban a correr a Disney, con todos los gastos pagos y con el entrenamiento necesario a cambio de que recaudaras fondos para la asociación. La orientación era en el mismo lugar donde yo corría y a la misma hora. No perdía nada con ir. Y una voz muy bajita dentro de mí dijo “a lo mejor puedes correr un medio maratón”.


Llegó el día de la orientación y me asomé tímidamente. Timidez que fue rápidamente distraída por una persona que me dio la bienvenida y me regaló una T-shirt que leía: “si crees que correr un maratón es difícil, trata quimioterapia”. Fue esta. Fue esta la responsable de que hoy pueda contar la historia de cómo terminé corriendo 42 kms, sin nunca antes haber corrido.

Entré en el programa. En la orientación escuché testimonios de personas sobrevivientes de cáncer que habían corrido un maratón. Otros de familiares que lo habían hecho en honor a sus seres queridos. Cómo atreverme a decir que no podía, que era mala, que era incapaz de correr un maratón.


El entrenamiento rompió toda creencia limitante que tenía sobre mis capacidades. Con cada sesión superaba mi propio récord. Corrí distancias que nunca pensé sería capaz. Aprendí de mi coach, aprendí de mis compañeros, aprendí de mí misma.


El momento mismo que crucé la meta de los 42 kms(26.2 millas) recordé cuando me había dicho a mí misma “yo nunca podré correr un maratón”. Después de esta experiencia, corrí dos maratones más mejorando mi tiempo.


Esta experiencia provocó una transformación en mí. Transformación que fue fomentada por una inspiración e invitación a contribuir; que fue posible por un acompañamiento de expertos que me enseñaron técnicas para poder ser mejor en mi correr; que provocó una ruptura de paradigmas sobre mis creencias limitantes sobre mí misma.


Imaginen que toda intervención de formación pudiera tener este poder de transformación. Que pudiera inspirar y acompañar de forma tal que sacara la mejor versión de los otros.


Esa es la gran oportunidad que tenemos todos los que trabajamos en aprendizaje. Poder estimular la transformación de otros a través de eventos de formación estimulantes, responsables y profesionales.

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